Juzgarán por abuso sexual al sacerdote mano derecha de Agustín Rosa Torino

JUICIO 30 de agosto de 2021
Se trata de Nicolás Parma, quien tenía a su cargo la congregación Discípulos de Jesús de San Juan Bautista en Santa Cruz.
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El próximo martes comenzará el juicio por abuso sexual contra Nicolás Parma, el sacerdote miembro de la congregación Discípulos de Jesús de San Juan Bautista y mano derecha de Agustín Rosa Torino, el excura condenado en Salta a 12 años de prisión efectiva por abusar de dos exnovicios y una exmonja. La audiencia debate será en la provincia de Santa Cruz, en el sur del país. 

Los casos de Agustín Rosa Torino y de Nicolás Parma están conectados porque ambos pertenecían a la misma comunidad religiosa. Incluso el primero sabía que el segundo manoseaba y hacía insinuaciones a los adolescentes que llegaban a la Congregación. “Rosa Torino mandaba menores a Santa Cruz sabiendo el monstruo que era Parma. Fuimos como presas”, le contó Jonathan, uno de los exnovicios que denunció y llevó a juicio a Rosa Torino, al periodista Ángel Mansilla de Central Policial (CNN Salta).

El testimonio de Jonathan es estremecedor pero lo cuenta con entereza y, sobre todo, fuerza de espíritu. No le interesa obtener ningún redito económico ni tampoco destruir a la Iglesia. Lo moviliza la imperiosa necesidad de cerrar esa dolorosa etapa de su vida para continuar más liviano. También busca ponerle voz a los abusos eclesiásticos para que no haya más víctimas de sacerdotes pedófilos. 

“Ellos lograron satisfacer su deseo sexual y todo quedó ahí pero a nosotros nos quedó para toda la vida”, relató Jonathan, quien sufrió abusos desde los 14 hasta los 17 años. Primero fue víctima de Parma, luego de Rosa Torino. “Yo salí de la congregación en el 2013 y denuncié en el 2016. Cuando le conté a Rosa Torino lo que Parma me había hecho me dijo que perdona y olvide lo que había sucedido”, remarcó y agregó: “Yo tenía naturalizados los abusos, y me costó un montón formar una familia”. 

“Muchos creen que denunciamos porque queremos destruir a la Iglesia, pero lo hacemos por los demás. Si no hubiéramos denunciado, ellos seguirían, hubieran seguido cagando vidas ajenas. La condena no me va a devolver nada de lo que me quitó pero me voy a sentir más aliviado. Si no le damos un cierre a esto no le vamos a poder encontrar el sentido a la vida”, finalizó Jonathan. 

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